Saber cómo se calcula la puntuación ESG ya no es solo cosa de grandes corporaciones. Es algo que todas las empresas, grandes o pequeñas, deben tener claro si quieren mantenerse competitivas.
Las métricas ESG, las que miden el impacto ambiental, social y de gobernanza, se están convirtiendo en una herramienta clave para entender dónde estamos y qué tan preparados estamos para lo que viene.
Pero, seamos sinceros: la mayoría no tiene ni idea de cómo se mide esto.
¿Es solo cuestión de cumplir normativas? No. Va mucho más allá.
Se trata de saber si tu empresa está tomando decisiones que la hacen más eficiente, más atractiva para los inversores y más alineada con lo que exige el mercado.
En este artículo vamos a despejar dudas. Veremos qué necesitas para medir bien, qué estándares existen y cómo empezar a trabajar con datos reales.
Porque sin datos, no hay estrategia.
Antes de lanzarnos a reportar o tomar decisiones, tenemos que entender qué mide exactamente una puntuación ESG y cómo se calcula.
No se trata de una sola fórmula mágica. Las puntuaciones ESG varían según quién las haga, qué datos se usen y qué objetivos tenga la empresa o el inversor.
Pero hay una base común: analizar cómo gestionamos los temas ambientales, sociales y de gobernanza de forma cuantificable.
Una puntuación ESG mide riesgos y oportunidades no financieros.
Es decir, cómo nos afecta y cómo respondemos a temas como las emisiones, el trato a las personas, o la transparencia de nuestro gobierno corporativo.
No es solo una nota bonita para presumir. Esta puntuación define si somos fiables, si estamos expuestos a riesgos innecesarios y si estamos preparados para competir a largo plazo.
Aquí es donde la cosa se pone interesante. No hay una única entidad ni un solo sistema universal.
Depende de quién la calcule, qué datos use y qué quiera evaluar.
Son empresas que se dedican exclusivamente a puntuar a otras. Recogen datos públicos y privados, aplican sus propios modelos y asignan una nota.
Pero ojo: cada agencia tiene su propio criterio, así que no esperes ver siempre la misma nota en todos lados.
Algunas empresas contratan consultoras para que les hagan una evaluación más personalizada.
Aquí entran metodologías propias, entrevistas, visitas a planta... todo más detallado, pero también más caro y lento.
También existen soluciones tecnológicas que recogen tus datos y calculan automáticamente la puntuación ESG.
Su ventaja es clara: automatizan lo que de otra forma sería un dolor de cabeza.
En nuestro caso, como solución ESG, no somos consultores ni auditores.
Ayudamos a recopilar toda tu información ESG y a distribuirla en lo que necesites: EINF, SBTIs, CSRD, ISOs o lo que venga.
¿Conviene seguir un estándar o armar algo a medida? Depende de tu sector, tus objetivos y a quién le tengas que rendir cuentas.
Los estándares internacionales ayudan a hablar el mismo idioma. Algunos de los más conocidos son:
¿Podemos relajarnos? No del todo. Si no eliges una metodología clara, difícilmente vas a poder demostrar tus avances o compararte con otros.
Calcular la puntuación ESG no es complicado si tienes los datos correctos y una buena estrategia. Ahora que ya tenemos claro cómo se calcula y quién está detrás, vamos a ver qué utilidad tiene y cómo sacarle partido real.
No hay un único camino para calcular la puntuación ESG. Pero sí hay tres enfoques que se repiten en la mayoría de los casos. Cada uno tiene su lógica y su utilidad.
Aquí hablamos de números concretos. Emisiones, accidentes laborales, brecha salarial, rotación de personal… Todo se mide con indicadores claros y verificables.
La clave está en elegir KPIs relevantes. No sirve medir por medir. Hay que enfocarse en lo que realmente afecta a tu actividad y genera valor para el negocio.
Este método se enfoca en lo que decimos que hacemos. Se revisan códigos de conducta, políticas internas, informes anuales y compromisos públicos.
¿El problema? Que si no hay datos que respalden lo que decimos, la puntuación se queda en palabras. Y eso, hoy, no basta.
La opción más rápida y escalable. Se conecta tu información ESG con algoritmos que transforman los datos en una puntuación clara y trazable.
¿Ventajas? Datos en tiempo real, análisis continuo y posibilidad de integrar tu puntuación en múltiples reportes: EINF, CSRD, taxonomía, etc.
En nuestro caso, no auditamos ni damos consultoría. Somos una solución tecnológica que recopila tus datos ESG y los convierte en algo útil para cualquier caso de uso.
Una puntuación ESG no es una nota definitiva. Hay que leerla con contexto y saber de dónde viene y qué mide.
Dos empresas pueden tener la misma nota pero no estar en la misma liga. Todo depende de qué variables se midieron y con qué profundidad.
Una empresa industrial no puede compararse con una de servicios. Lo mismo pasa entre países o entre pymes y multinacionales. El riesgo ESG es distinto.
Tu puntuación cambia según quién la calcule. ¿La razón? Cada metodología prioriza criterios diferentes. Lo importante es saber cuál encaja contigo y para qué la vas a usar.
Tener una puntuación ESG clara no es solo una cuestión de imagen.
Es una palanca real para mover el negocio.
Las normativas no paran de crecer. Medir bien desde el principio te ahorra sustos y te permite reportar con agilidad y sin líos.
Cada vez más inversores exigen criterios ESG. Si no puedes demostrar tu puntuación, no entras al juego. Es así de claro.
Si quieres entrar en los marcos de financiamiento sostenible, ya sabes lo que toca.
Una buena puntuación ESG dice que haces las cosas bien. Y eso, tarde o temprano, se nota en la percepción que tienen tus clientes, empleados e inversores.
Si tu competencia no mide, va a ciegas. Y en un entorno cada vez más regulado y exigente, eso es un riesgo que tú no tienes por qué asumir.
Entender cómo se calcula tu puntuación ESG es solo el primer paso. Lo realmente importante es saber cómo usarla a tu favor. Y de eso hablaremos en la siguiente sección.
Calcular la puntuación ESG puede parecer un reto si no tienes claro por dónde empezar o con qué te vas a encontrar.
Estos son los cuatro bloqueos más comunes que vemos… y cómo puedes salir de ellos sin drama.
La mayoría de empresas tienen los datos, pero no saben dónde. Están repartidos entre departamentos, hojas de Excel, correos, informes sueltos...
¿La solución? Centralizar y estructurar todo desde un solo lugar. Solo así podemos transformar la información en algo útil y listo para reportar.
Sabemos que el día a día no da tregua. Y si no tienes un equipo dedicado a sostenibilidad, esto pasa a segundo plano.
¿Cómo lo resolvemos? Con automatización y simplicidad. El cálculo ESG no debería requerir semanas de trabajo manual. Si lo hace, algo está mal.
¿Cuál es el estándar correcto? ¿GRI, SASB, CSRD...? Esa duda es muy común y genera parálisis. Cada uno pide cosas distintas.
Lo clave es traducir tu información ESG en formatos múltiples. Que un mismo dato te sirva para lo que necesites. Y que puedas adaptarte sin rehacer todo desde cero.
Muchas empresas acaban delegando todo en consultoras. Y aunque pueden aportar valor, también hacen que dependas de procesos lentos, caros y difíciles de escalar.
¿Y si pudieras tener el control desde dentro? Ahí es donde entra una solución tecnológica que te da autonomía y visión en tiempo real.
No somos auditores ni consultores. Somos una solución para empresas que quieren medir y gestionar su impacto ESG de forma clara, sencilla y eficiente.
¿Qué hacemos? Recopilamos toda tu información ESG, da igual el formato o dónde esté, y la transformamos en puntuaciones automáticas.
¿Para qué sirve esto? Para que puedas usar esa misma información en lo que necesites: EINF, CSRD, SBTi, taxonomía, ISOs o cualquier estándar que te pida el mercado.
La clave está en conectar los datos con los objetivos de negocio. Y en eso, no necesitas más consultoría. Necesitas una solución que funcione. Y rápido.
ESG son las siglas de ambiental, social y de gobernanza. Tres áreas clave para entender el impacto y la resiliencia de una empresa más allá de lo financiero.
¿Por qué importa? Porque el mercado ya no perdona la falta de datos en sostenibilidad. Y si no mides, no compites.
No hay una única fórmula universal. Existen estándares, metodologías y agencias que hacen evaluaciones, pero cada una lo hace a su manera.
Lo importante es tener datos estructurados y adaptables. Así puedes responder a cualquier exigencia: CSRD, taxonomía, SBTi, ISOs…
Si reportas, si tienes inversores, si vendes a grandes clientes o si compites en mercados regulados… sí, la necesitas.
Y si no es ahora, será pronto. Porque esto no va de moda, va de estar preparado para lo que ya es el nuevo estándar.
Depende de tu equipo y tus recursos. Si tienes los datos bien organizados, puedes avanzar. Pero si no, lo más eficiente es usar una solución que lo haga por ti.
Eso sí, evita depender de procesos eternos o informes que nunca se actualizan. La clave está en tener control y agilidad.
La puntuación ESG no es estática. Lo ideal es actualizarla de forma continua o al menos con cada ejercicio fiscal.
¿Por qué? Porque los datos cambian, las normativas evolucionan y lo que hoy vale, mañana puede quedarse corto.
Carbon footprint calculation analyzes all emissions generated throughout a product’s life cycle, including raw material extraction, production, transportation, usage, and disposal.
The most recognized methodologies are:
Digital tools like Dcycle simplify the process, providing accurate and actionable insights.
Some strategies require initial investment, but long-term benefits outweigh costs.
Investing in carbon reduction is not just an environmental action, it’s a smart business strategy.