Las empresas que van a ganar en sostenibilidad no son las que tienen los objetivos más ambiciosos. Son las que construyen la infraestructura operativa para rastrear, entender y actuar sobre sus datos ESG más rápido que nadie.
Ese fue el argumento central que Juanjo Mestre, CEO y cofundador de Dcycle, llevó a las Jornadas Corresponsables Valencia 2026. El evento reunió a 400 profesionales del ecosistema de sostenibilidad para debatir la siguiente fase de la responsabilidad corporativa: no solo cumplir con los requisitos regulatorios, sino usarlos como plataforma para una transformación empresarial real.
La pregunta que Juanjo lanzó a la sala fue directa. La mayoría de las empresas tratan el reporting ESG como un ejercicio de cumplimiento: un coste, un riesgo, una obligación. Pero ¿qué pasaría si la infraestructura que necesitas para cumplir con la CSRD, el GHG Protocol y la propia EINF española fuera exactamente la misma que daría a tu equipo directivo visibilidad en tiempo real sobre costes operativos, riesgos de proveedores y oportunidades de negocio?
El panorama del reporting de sostenibilidad ha cambiado radicalmente. Solo la CSRD exige ahora a las empresas reportar sobre más de 1.000 puntos de datos en dimensiones medioambientales, sociales y de gobernanza. Para la mayoría de las organizaciones, esto se ha traducido en una carrera: más consultores, más hojas de cálculo, más tiempo reconciliando datos dispersos entre compras, RRHH, operaciones y finanzas.
Pero las empresas que ya están avanzando más allá de esta carrera han descubierto algo importante. La infraestructura de recogida de datos necesaria para un reporting ESG creíble no es algo separado de la infraestructura de datos que apoya las buenas decisiones de negocio. Son lo mismo.
El argumento central de Juanjo en Corresponsables Valencia: las empresas que construyen bien su infraestructura de datos ESG, conectando datos operativos de todo el negocio en un sistema coherente y auditable, no solo producen mejores informes de sostenibilidad. Desbloquean una capa de inteligencia empresarial a la que la mayoría de las organizaciones nunca ha tenido acceso.
La infraestructura de recopilación automatizada de datos que construye Dcycle está diseñada precisamente alrededor de esta idea: que el valor real de los datos ESG no está en el informe que finalmente produce, sino en lo que revela sobre cómo funciona realmente el negocio.
La brecha práctica entre reportar y decidir es mayor de lo que parece. La mayoría de los equipos de sostenibilidad hoy dedican el 70 u 80% de su tiempo a la recogida de datos: persiguiendo facturas, reconciliando cifras de distintos departamentos, limpiando datos antes de que puedan usarse. Lo que queda para el análisis, la interpretación y el aporte estratégico es mínimo.
Aquí es donde la IA cambia la ecuación. No sustituyendo a los profesionales de sostenibilidad, sino eliminando la carga de recogida para que puedan dedicar su tiempo al trabajo que realmente importa: entender qué significan los datos, identificar dónde tiene la empresa emisiones ocultas, detectar las decisiones operativas que tendrán mayor impacto en la trayectoria de la compañía.
Juanjo compartió un ejemplo reciente. Un cliente llevaba dos años produciendo informes de huella de carbono precisos. Sus cifras de Alcance 1 y 2 eran limpias, la metodología era sólida y el informe superó la verificación externa. Pero cuando los agentes de IA de Dcycle se desplegaron sobre sus datos operativos conectados, la empresa descubrió en pocas semanas que una parte significativa de sus emisiones de Alcance 1 provenía de una práctica de gestión de flota que nadie había señalado: vehículos corporativos usados fuera del horario autorizado, quemando combustible que aparecía en los datos pero nunca se había vinculado al comportamiento que lo causaba.
El informe era preciso. La inteligencia para la toma de decisiones faltaba. Esa es la brecha entre el cumplimiento y la ventaja competitiva.
Las Jornadas Corresponsables Valencia 2026 reunieron una muestra representativa del ecosistema de sostenibilidad español en un momento especialmente significativo. El reloj regulatorio avanza: la CSRD aplica a las grandes empresas desde el ejercicio 2024, con la oleada de pymes siguiendo en los años posteriores. Los requisitos del EINF, la Ley de Cambio Climático y el Reglamento de Taxonomía de la UE están convergiendo para crear un entorno de cumplimiento que ninguna empresa de cierto tamaño puede ignorar.
Pero las conversaciones del evento reflejaron algo más que ansiedad regulatoria. A lo largo de las sesiones, desde las mesas redondas corporativas hasta los grupos de trabajo, el tema recurrente era la preparación: cómo construir organizaciones capaces no solo de cumplir con los requisitos actuales, sino de adaptarse rápidamente cuando el marco evolucione, cuando entren en vigor nuevas normas ESRS y cuando los grupos de interés eleven sus expectativas.
La respuesta, repetida en distintos sectores y tamaños de empresa, seguía volviendo a la misma raíz: los datos. Las empresas que han invertido en entender y conectar sus datos operativos no están solo mejor posicionadas para el cumplimiento. Están mejor posicionadas, sin más.
Una de las observaciones más consistentes de la jornada fue sobre el papel cambiante de los propios profesionales de sostenibilidad. Durante años, los equipos de sostenibilidad operaron en los márgenes de la estrategia empresarial: responsables del reporting, de la política, de la comunicación con grupos de interés, pero rara vez de las decisiones que impulsan las operaciones centrales del negocio.
Eso está cambiando. A medida que los datos ESG se vuelven centrales para el cumplimiento regulatorio, el reporting a inversores, las decisiones de compra y las evaluaciones de crédito, los profesionales que poseen y entienden esos datos se están convirtiendo en piezas centrales del funcionamiento del negocio.
Juanjo lo formuló con claridad: los profesionales de sostenibilidad llevan años construyendo las habilidades, relaciones y sistemas necesarios para recoger datos operativos de organizaciones complejas. Esas habilidades son ahora de las más estratégicamente valiosas en cualquier empresa. La pregunta es si las organizaciones lo reconocen y se estructuran en consecuencia, o si siguen tratando la sostenibilidad como una función separada de la inteligencia empresarial.
La arquitectura de datos para el seguimiento de la huella de carbono y la infraestructura de datos ESG más amplia que construye Dcycle están diseñadas para hacer posible esa integración estructural: no solo reporting conforme, sino información operativa.
El salto de función de cumplimiento a rol de inteligencia estratégica no es una posibilidad futura. Está ocurriendo ahora, en empresas de toda España y Europa que han decidido invertir en su infraestructura de datos en lugar de solo en su proceso de reporting.
Las empresas presentes en Corresponsables Valencia que están más avanzadas en este camino comparten una característica común: dejaron de preguntarse “¿cómo producimos el informe?” y empezaron a preguntarse “¿qué deberíamos saber sobre nuestro negocio, y cómo obtenemos esa información de manera fiable y continua?”
Si tu equipo está listo para dar ese salto, hablemos.
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