Esa fue la provocación que Juanjo Mestre, CEO y cofundador de Dcycle, lanzó durante la sesión de “Cápsulas de buenas prácticas innovadoras” en las Jornadas Corresponsables Barcelona 2026. Sin slides. Sin discurso ensayado. Solo una reflexión nacida de un viaje a San Francisco la semana anterior y un intercambio de emails muy revelador sobre hacia dónde va realmente la IA corporativa.
El planteamiento era sencillo. Mientras Silicon Valley se dedicaba a proclamar que los datos son el nuevo oro y la IA la nueva industria bancaria, la cabeza de Juanjo estaba en otro sitio: en esta misma sala, con directores de sostenibilidad, managers y analistas que llevan años haciendo el trabajo poco glamuroso de perseguir facturas de gas, electricidad, consumo de agua y cuestionarios de proveedores.
Su argumento: si los datos operativos son realmente el oro que todo el mundo quiere ahora, los profesionales de sostenibilidad han sido los mineros desde siempre. Son quienes saben navegar los silos departamentales, convencer a compañeros reacios para que compartan información y coser los conjuntos de datos dispersos que las empresas necesitan para reportar bajo la CSRD, el GHG Protocol o cualquier otro marco normativo.
Juanjo abrió con una anécdota. La semana anterior estaba negociando la adquisición de una empresa por email. Envió un mensaje cuidadosamente redactado de cuatro párrafos un viernes por la tarde. Cuarenta segundos después llegó una respuesta: bien estructurada, coherente, con argumentos razonables. Una velocidad impresionante.
Después se metieron en una llamada. La otra persona no podía explicar lo que decía su propio email. Lo había escrito con ChatGPT y ni siquiera lo había leído antes de enviarlo.
La historia arrancó risas, pero el fondo era afilado. A medida que las herramientas de IA se vuelven habituales, la pregunta no es si la IA sustituirá empleos. La pregunta es qué tipo de relación tendrán las personas con la tecnología. Y en el mundo de la sostenibilidad, esa relación está a punto de convertirse en la más valiosa de la empresa.
La idea central que Juanjo compartió venía de conversaciones con OpenAI y otras empresas de IA en San Francisco. Sus ingenieros decían que el problema más difícil de la IA empresarial no es construir mejores modelos. Es acceder a los datos operativos: la información real, desordenada y transversal que vive detrás de personas, sistemas y fronteras territoriales dentro de las organizaciones.
Ese es exactamente el problema que los equipos de sostenibilidad resuelven cada día. Son quienes han construido las relaciones, mapeado los flujos de datos y creado los conectores entre departamentos que de otra forma nunca se hablarían entre sí.
Juanjo lo dijo directamente: la brecha que la IA está creando en las empresas ahora mismo es una oportunidad para que los profesionales de sostenibilidad se conviertan en algunas de las personas más relevantes de sus organizaciones. Ya tienen las relaciones con los datos que la IA necesita para funcionar. La infraestructura de recopilación automatizada de datos que construye Dcycle está diseñada precisamente para formalizar y escalar esas conexiones.
Para concretar el argumento, Juanjo compartió un caso de un piloto reciente. Un cliente llevaba meses intentando reducir las emisiones de Alcance 1. Tras desplegar los agentes de IA de Dcycle sobre sus datos conectados, la empresa descubrió en menos de un mes que algunos empleados estaban usando tarjetas de combustible corporativas para vehículos personales. Ese único hallazgo redujo su Alcance 1 un 5%.
El descubrimiento solo fue posible porque el sistema conectaba personas con patrones de consumo, con asignaciones de vehículos, y ejecutaba modelos de IA sobre esas relaciones. Ninguna auditoría manual lo habría detectado. Requería una arquitectura de datos para la huella de carbono que conectara datos operativos entre departamentos.
La jornada reunió a más de 400 profesionales bajo el lema “Sostenibilidad 360: liderazgo, innovación, regulación y comunicación responsable”. La apertura institucional contó con representantes de IESE, la Generalitat de Catalunya y el Ministerio de Trabajo y Economía Social.
La mesa redonda corporativa moderada por Antonio Argandoña de IESE incluyó a Xavier Ribera de BASF, Clara Roig de Carburos y Eva Pagán de Redeia, debatiendo cómo la sostenibilidad debe integrarse en las operaciones, no solo en el reporting.
La sesión de Juanjo, moderada por Joan Fontrodona del Departamento de Ética Empresarial de IESE, también contó con ponentes de Nacex, Tots Som de Cor, Hijos de Rivera, Grupo Sifu, Lactalis y Normmal. Cada uno aportó un ángulo distinto sobre innovación, pero el hilo conductor era el mismo: la sostenibilidad ya no es una función de cumplimiento. Se está convirtiendo en infraestructura central.
Las sesiones de la tarde ampliaron el enfoque con reflexiones de grupos de interés: B Corp Spain, Dircom, DIRSE, Fundación SERES, Pacto Mundial y Respon.cat, reforzando el enfoque multistakeholder que define el ecosistema de Corresponsables.
Juanjo cerró con una invitación. El salto de función de cumplimiento a rol estratégico de datos está pasando ahora. Las empresas que lo reconozcan pronto construirán la arquitectura interna que hace que la IA sea útil, no solo impresionante. Las que no, seguirán escribiendo emails con ChatGPT sin leerlos.
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